LAS NUEVAS DERECHAS RADICALES: CAUSAS, CONTEXTO E IMPACTOS INSTITUCIONALES

  • El jueves, día nueve de febrero de 2023,  a las 19:30 horas, tuvo lugar la conferencia “LAS NUEVAS DERECHAS RADICALES:  CAUSAS, CONTEXTO E IMPACTOS INSTITUCIONALES”, dictada por el profesor y académico Don Mariano Bacigalupo Saggese, que fue presentado por Don Francisco Ramos Fernández-Torrecilla. Al terminar la disertación, hubo un animado debate en el que intervinieron varios académicos. Finalizado el acto, se celebró una cena con el conferenciante.

Las nuevas derechas radicales: causas, contexto e impactos institucionales

Prof. Dr. Mariano Bacigalupo

Facultad de Derecho de la UNED

En los últimos años han (re)surgido con cierto vigor en casi todo el mundo las variantes radicales de la derecha, entendiendo por tales aquellas manifestaciones del espacio político conservador que propenden al nacionalismo, el populismo y el autoritarismo iliberal y reaccionario. El abanico de expresiones es amplio y sus contornos son difusos. Engloba toda expresión política a la derecha del espacio liberal-conservador tradicional. Se entremezclan partidos de corte nacionalconservador y partidos de derecha populista.

En la mayoría de los Estados miembros de la UE han irrumpido o resurgido formaciones políticas de estas características que no solo logran obtener representación parlamentaria sino en ocasiones condicionar la formación del gobierno, formar parte del mismo o incluso liderarlo. Desde hace ya algunos años la derecha radical lidera los gobiernos en Polonia (PiS) y Hungría (Fidesz). En Italia (Fratelli d´Italia) lidera actualmente un gobierno de coalición junto con otra fuerza de derecha populista (Lega) y el partido liberal-conservador de Berlusconi (Forza Italia). En Suecia se acaba de formar un gobierno liberal-conservador en minoría que precisa del respaldo parlamentario de la derecha radical (Demócratas de Suecia). En otros países, como en Francia, la derecha radical (RN, el antiguo FN) no forma parte de la mayoría de gobierno pero lidera la oposición. Finalmente, en los restantes países de la UE la derecha radical, aunque no integre el gobierno ni lidere la oposición, tiene representación parlamentaria (en España, por ejemplo, VOX es la tercera fuerza política del país). En muy pocos países europeos la derecha radical permanece como fuerza extraparlamentaria.

Esta evolución contagia también al espacio político del centroderecha democrático tradicional. La separación con la nueva derecha radical es cada vez más tenue. Su discurso penetra en el espacio liberal-conservador. En nuestro país el caso de la Presidenta de la Comunidad de Madrid es particularmente sintomático. Los partidos liberal-conservadores aceptan cada vez más a la derecha radical como aliados para conformar conjuntamente mayorías de gobierno. No solo sucede así en algunas comunidades autónomas españolas. Proliferan otros ejemplos (Italia, Suecia). En Francia, por primera vez, ni el partido de centroderecha (Los Republicanos) ni la coalición centrista de la mayoría presidencial (Ensemble) recomendaron votar en la segunda vuelta de las últimas elecciones legislativas a los candidatos de la coalición progresista (NUPES) frente a los candidatos de la extrema derecha.

Este fenómeno no es exclusivo de Europa. En mayor o menor medida se da prácticamente en todos los continentes. En Estados Unidos el Partido Republicano y sus bases se han radicalizado. En los años 80 y 90 el Partido Republicano ya había experimentado una transformación neoconservadora bajo las presidencias de Reagan y Bush. Ya en este siglo dicha tendencia se intensificó. Primero con la irrupción del llamado Tea Party y en los últimos años bajo el liderazgo de Donald Trump. Si bien en las recientes elecciones de medio mandato el resultado ha sido menos favorable al Partido Republicano de lo esperado (con resultados particularmente decepcionantes para los candidatos más cercanos a Trump), los liderazgos alternativos que se perfilan en la derecha norteamericana permanecen encuadrados en terrenos muy próximos a la derecha radical (es el caso de Ron DeSantis, reelegido gobernador del Estado de Florida).

Iberoamérica, aunque prevalecen últimamente los triunfos electorales de las fuerzas progresistas (México, Argentina, Bolivia, Perú, Chile, Honduras, Colombia), no es tampoco del todo ajena al fenómeno de la radicalización de sus derechas. El caso paradigmático es el de Brasil. Cierto que Bolsonaro no ha logrado la reelección, pero perdió las elecciones por tan solo 2 puntos de diferencia (49% de los votos). Lula logró al límite derrotar a Bolsonaro pero hubo de conformar para ello una alianza de amplio espectro con dirigentes y formaciones políticas procedentes del centro e incluso del espacio liberal-conservador (su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, fue en el pasado un connotado rival y antagonista del propio Lula). En Chile el candidato de la derecha que se enfrentó a Boric en la segunda vuelta no fue el candidato de las formaciones tradicionales de la derecha (UDI y RN), sino el candidato de una nueva derecha radical neopinochetista (José Antonio Kast). Una tendencia similar se observa en Argentina: la coalición opositora de centroderecha (Juntos por el Cambio, cuyos principales integrantes son el partido PRO, del expresidente Macri, y la centenaria Unión Cívica Radical) se disputa el liderazgo social de la oposición al Gobierno progresista del Frente de Todos (peronismo kirchnerista y aliados) con una nueva derecha radical anarco-liberal dirigida por Javier Milei, un diputado de personalidad excéntrica cuyo discurso y propuestas políticas rozan el abolicionismo del Estado.

Finalmente, en la India se consolida el BJP del primer ministro Modi, una formación nacionalista y étnico-identitaria de ideología conservadora autoritaria e iliberal, como fuerza política ampliamente hegemónica en el Estado que pronto se convertirá en el país más poblado del planeta.

¿Cómo se explica este fenómeno de dimensiones globales? ¿Cuáles son sus causas y el contexto que lo alumbra? ¿Es un fenómeno coyuntural o duradero?

Son varias las causas que se apuntan. En primer lugar, la concatenación en pocos años de grandes crisis globales (la crisis económico-financiera de 2008, la pandemia del COVID y la guerra de Ucrania) que han debilitado los cimientos y la estabilidad de las democracias liberales. En segundo lugar, la percepción de incapacidad y la pérdida de credibilidad del sistema institucional y de las formaciones políticas convencionales y sistémicas como gestores eficaces de las crisis. Crecen los riesgos y se extiende el miedo al futuro, a poder conservar los niveles y condiciones de vida que se habían logrado alcanzar. Vuelve a aumentar la desigualdad y se frena o incluso retrocede la movilidad social. Se asientan en el clima emocional colectivo la insatisfacción y el temor. Crece en consecuencia el rechazo a las recetas y respuestas políticas institucionales o sistémicas y gana terreno la proclividad a los discursos simplistas y rupturistas.

La radicalización de la derecha acentúa lógicamente la polarización del debate público, en el que los elementos identitarios juegan un papel cada vez más importante. Aspectos del debate social como la respuesta al cambio climático y a los desafíos ambientales, las políticas de igualdad en materia de género o la protección del bienestar animal adquieren una potencialidad divisiva en la sociedad del todo insospechada. La nueva derecha eleva incluso estos temas a materia de batalla cultural. Una batalla que se libra a menudo con técnicas de desinformación y una espectacular potencialidad expansiva en redes sociales y nuevos medios de comunicación digital. No es infrecuente que los liderazgos de la nueva derecha tengan su origen en personajes con amplia capacidad económica y presencia en la propiedad de medios de comunicación y de otros instrumentos idóneos para la penetración social como, por ejemplo, clubes de fútbol.

La vida institucional no es ajena al deterioro que genera la acentuación del sectarismo ideológico en el espacio público. La radicalización de la derecha está produciendo serios impactos en el funcionamiento de las instituciones que suscitan honda preocupación: crece la agresividad e intolerancia en los debates parlamentarios y, en general, en el debate público; se cuestiona sin fundamento alguno la limpieza de los procesos electorales y sus resultados; se producen agresiones insospechadas a las instituciones (véase la ocupación del Capitolio en Washington por seguidores de Donald Trump) o llamamientos sin pudor a la intervención militar para interferir el relevo democrático de gobiernos y parlamentos (como los protagonizados por determinados sectores vinculados al anterior Presidente Bolsonaro); en España estamos asistiendo a un sabotaje constitucional abierto consistente en el bloqueo indisimulado y desacomplejado de la renovación debida de los órganos constitucionales (en particular, del CGPJ) por razones de oportunidad política del todo ajenas a las obligaciones constitucionales (por ejemplo, por discrepancias con las políticas del Gobierno, por supuesto legítimas en el debate político entre Gobierno y oposición, pero ilegítimas en cuanto se erigen en razones para bloquear la renovación tempestiva de las instituciones).

Ante este fenómeno resulta esencial el rearme social, ideológico y emocional de las fuerzas y sectores que defienden y reivindican el Estado social y democrático de Derecho. En particular, de la socialdemocracia. En suma, de todas las fuerzas que van desde el reformismo social-liberal de centroizquierda hasta las zonas ideológicas clásicas de la izquierda democrática; esto es, el espacio natural de la socialdemocracia, incluidos el ecologismo, el feminismo y todas las restantes expresiones del progresismo democrático. El centroizquierda necesita recuperar la confianza y prevenir la desafección democrática de la clase media trabajadora, la defensa de cuyos intereses es su razón de ser.

 

  • Vista del salón de actos de la Academia. En la mesa, de izquierda a derecha: Javier Moscoso, Mariano Bacigalupo, Francisco Ramos, Julia Marchena y Félix Muriel
  • Fotos: Jorge Souto